lunes, 22 de agosto de 2022

El péndulo de Foucault

Inauguro la biblioteca de Garamond con el (pen)último libro que ha caído en mis manos y que he devorado sin compasión por enésima vez. Se trata, ni más ni menos, que la novela de Eco que me sirvió de inspiración para la reforma del blog: el Péndulo de Foucault (1989, Ed. Lumen, 824 páginas).


A modo de introducción, ¿sabías que los templarios guardaban celosamente un secreto? ¿Es posible que ese secreto haya llegado a nuestros días? ¿Cuál es la naturaleza de ese secreto? ¿Y cómo ha sido transmitido a través de los siglos?

Inquietante, ¿no es así? Lo asombroso es que Umberto Eco (Alessandria, 1932), uno de los padres de la semiología moderna y filósofo, da respuesta a esas preguntas en su novela. ¿Semiolo qué? Eco se dedicaba a estudiar los signos en la vida social, y para ello echaba mano de las analogías (todo se relaciona con todo), siendo esa la base de su Péndulo.  Por ejemplo, ¿cómo relacionar Platón con estreptococo? Platón - ideas - caverna - murciélago - experimento - laboratorio - bacteria- estreptococo.

Brillante
 

El péndulo de Foucault comienza en un museo de la técnica, el Conservatoire, donde un asustado Casaubon, protagonista de la novela, hace memoria y cuenta cómo un pequeño grupo de intelectuales de una pequeña editorial milanesa elaboran un Plan en el que mezclan templarios, masones, jesuitas y rosacruces, entre otros, para divertirse. Ese cóctel perfecto provoca el interés de ciertos grupos, que harán lo imposible por hacerse con el contenido del Plan, que cómo no podía ser de otra forma, gira en torno al péndulo.


Templarios hasta en la sopa.

La cantidad de datos sobre distintas ramas del saber que Eco aporta es, a menudo, abrumadora. Es posible recurrir a una enciclopedia o a Internet y comprobar que los hechos y personajes que se citan fueron reales. Tal ingente cantidad de datos es más notoria al comienzo del libro, donde Eco pone a prueba al lector.

Si bien en el Nombre de la rosa el autor es capaz de deducir un todo a partir de pequeñas observaciones relacionadas entre sí (memorable es el episodio del caballo Brunello), es en el Péndulo donde Eco es capaz de construir un todo lógico (el Plan) a partir de datos inconexos (Minnie es la novia del ratón Mickey).

El libro tiene momentos sublimes. Es sublime el diálogo entre Belbo y Casaubon sobre los locos, los imbéciles y los idiotas. Es sublime la descripción que da Agliè sobre las medidas ocultistas recogidas en un kiosco de prensa. Es sublime comprobar que Ockam tenía razón: la explicación más sencilla es habitualmente la correcta. Es sublime la universidad de lo imposible que crean como un juego. Y es aún más sublime saber que no hay secretos, porque como dijo Jesús (Lc 8: 16-18) "[...] Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto [...]."

¿Lo recomendaría? Sí, y mil veces sí. Es un libro que cada vez que leo (la primera vez hace 22 años) me enseña una cosa nueva, y eso, querido lector, es difícil de encontrar hoy en día. Créeme, las primeras 50 páginas pueden pesar como una losa, pero la novela merece la pena. Si el Péndulo de Eco es el padre del Código da Vinci de Dan Brown se dice y punto.