sábado, 2 de mayo de 2020

Estudiando la Biblia: estudio bíblico devocional

Como nunca hay que faltar a la palabra dada, paso a relatar cómo llevar a buen puerto el estudio bíblico devocional con la ayuda indispensable de nuestra Biblia, cuaderno y concordancia. Nuestro estudio será diario, porque si comemos todos los días para mantener nuestro cuerpo, con mayor motivo tenemos que alimentar nuestra alma.

¿Cómo planteamos el estudio devocional? Hay varias opciones. La Biblia es un conjunto de libros, podemos empezar por el que más nos plazca, o por orden estrictamente cronológico. Si escogemos esta segunda opción, el principal problema que nos encontramos es la complejidad inicial del Antiguo  Testamento (genealogías, leyes, lenguaje, tradiciones del pueblo de Israel...).

Jesús, como Mesías e Hijo de Dios, condensa en su vida el mensaje salvador que se anuncia en el Antiguo Testamento. Es por ese motivo que es recomendable comenzar la lectura bíblica por el Nuevo Testamento, eligiendo uno de los cuatro Evangelios como comienzo. La elección la dejo al criterio del lector, si bien es aconsejable empezar con el Evangelio de Marcos, de estilo más directo porque fue escrito para dirigirse a los habitantes de Roma.

Hecho este planteamiento, podemos dar comienzo a nuestro estudio devocional propiamente dicho:

El primer paso es orar. Así de sencillo. Oramos a Dios para darle gracias por tener un momento del día dedicado a estudiar Su Palabra. Seguidamente, le pedimos entendimiento al Espíritu Santo para interpretar el pasaje de la Biblia que hemos escogido, y, de esta manera, conocer aquello que Dios quiere enseñarnos.

Es ahora cuando abrimos la Biblia y comenzamos a leer. Es la etapa de meditación: hay que leer, y leer, y volver a leer, meditando sobre el pasaje que hemos escogido. En esta fase estamos digiriendo la Palabra de Dios. Es ahora cuando puede resultar interesante emplear la concordancia porque nos ayuda a comprender el texto bíblico dándole un enfoque distinto.

Durante la meditación, conviene hacerse las siguientes preguntas: ¿hay algo que Dios quiere que cambie? ¿tengo algo que quiera confesar? ¿qué estoy haciendo mal? ¿puedo identificarme con alguno de los personajes del fragmento que he elegido? ¿cómo puedo aplicar ese pasaje a mi vida diaria? Las   respuestas a esas y otras preguntas que nos hagamos las escribimos en nuestro fiel cuaderno.

En tercer lugar, una vez hemos meditado la Palabra de Dios, hemos de escribir una aplicación. Es decir, tenemos que buscar una manera de aplicar ese fragmento a nuestra vida. Es de importancia capital que dicha aplicación sea personal: que el lector no tenga miedo de utilizar la primera persona (tengo que, necesito, yo, me, debo...) Así mismo, la aplicación debe ser real y ha de ser medible.

Por ejemplo, imaginemos que tras la lectura de un fragmento de la Biblia, Dios nos está diciendo que tenemos que cuidarnos más. La aplicación podría ser, en este caso: “tengo que salir a correr, al menos dos veces a la semana, y llegar a mi peso ideal en verano”. Esta aplicación es personal, real y medible. Evidentemente, también la anotamos en nuestro cuaderno.

En cuarto lugar, escogemos un versículo, un fragmento, una pequeña parte del texto bíblico que nos haya llamado la atención y lo anotamos en el cuaderno. Este fragmento nos recordará nuestra aplicación, siendo recomendable memorizarlo para tenerlo a mano en caso de ser tentados a no llevar la aplicación a término.. Puede ser de utilidad escribirlo en una nota, y llevarla con nosotros a lo largo del día.

Para finalizar, como es de bien nacidos ser agradecidos, elevamos una plegaria de gratitud a Dios por permitirnos comprender su palabra y le pedimos con humildad el poder llevarla a cabo. No rezamos más ni le pedimos nada más a Dios; para eso tenemos los instantes de oración de la mañana o de la noche, no el estudio bíblico.

Recuerda, querido lector, que una vez hayamos terminado el estudio diario, podemos volver sobre nuestros pasos en el cuaderno. Puede que cuando leyésemos un fragmento de la Biblia en el pasado, Dios no tuviera mucho que decirnos, pero, en un momento determinado, ese mismo pasaje es de rabiosa actualidad en nuestra vida. Moraleja: ¡no te olvides de releer tus notas!

Concluyo este post agradeciendo al lector su paciencia por haber llegado hasta aquí, recomendándole  encarecidamente seguir este estudio cada día porque los beneficios son increíbles. ¡Alégrate, querido lector: Dios está siempre contigo y nunca falla!

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