miércoles, 23 de febrero de 2022

Demoliciones Teodoro

Andaría yo por la veintena, cursando mis estudios de Ingeniería Química en la Universidad de Murcia, interesado en reactores de flujo pistón, columnas de rectificación y (¡cómo no!) en salir de bares para intimar con alguna moza despistada, cuando conocí a uno de los personajes del dúo que copa las portadas de la prensa española en estos fríos días de lupercalia.

Fueron años entrañables que viví entre vapores etílicos de ron Barceló con cola, saludables bocatas de lomo "con todo" de la cantina, y cafés con efecto laxante retardado de la máquina de la Facultad. Por entonces, mis amigos y yo, interesados no solo en la parte química de nuestra titulación sino también en la ingenieril, espoleados por profesores de las asignaturas hueso de la carrera, nos liamos la manta a la cabeza y decidimos participar en la Shell Eco-Marathon, competición europea de vehículos prototipos de mínimo consumo.

Para alcanzar tal fin iba a ser preciso no solo ponerlos las pilas (¡nunca he cogido una radial en mi vida, Hulio!) sino algo mucho más importante: nos hacía falta plata, dinero, pasta, manteca... necesitábamos del vil metal, ese que da su autoridad al gañán y al jornalero, y que hace igual al rico y al pordiosero, que diría don Francisco de Quevedo.

En aquellos años felices, llamamos a muchas puertas, pero todas se cerraban ante nuestras narices. Ingenuos. ¿Qué empresa querría subvencionar a un grupo de estudiantes pobres como ratas sin oficio ni beneficio? Inocentes. ¿Acaso no sabíamos que en España el mérito no existe, sino más bien el enchufe trifásico y el poder de los padrinos? Insensatos. ¿Seríamos capaces de luchar solos contra todos?

¿Por qué, querido lector, te encuentras con semejante tocho sobre mi vida y milagros? Es precisamente en ese momento cuando mi camino se cruza con el de Teo, al que conocí gracias a una compañera de carrera, quien por entonces era su novia y tenía cierta relación con mi grupo de amigos. Murcia es una ciudad de provincias, se come bien y hace buen tiempo, aunque no deja de ser un pueblo grande. Se conoce todo el mundo, quieras o no.

He de decir, en honor a la verdad, que Teo nos ayudó, aportando una modesta cantidad a nuestro proyecto desde el puesto que tenía dentro de la administración regional. El trato que nos dio fue más bien frío, y en su momento pensé que la ayuda que recibimos fue un favor hacia por su novia, por entonces afiliada a las NNGG del PP de Murcia, (ahora mujer). Tras dos reuniones en Murcia en su despacho, nunca más lo volví a ver. 

Munición

Por entonces, no podía explicarme cómo alguien con mi misma edad tenía un cargo público sin haber terminado la carrera. Pensaba que sería una persona tremendamente válida. Ahora, con la experiencia que dan los años, no puedo dejar de admirar mi inocencia. Nos utilizó para salir en la foto, para seguir ascendiendo, hasta alcanzar su meta, de la misma forma que (estoy plenamente convencido) habrá utilizado a otros.

Doña Cayetana Álvarez de Toledo, en su libro de memorias políticas, dice que Teo maneja el PP siguiendo los principios de "pelotas" y "peloteo". Secundo sus palabras. Si alguien es capaz de llegar tan arriba a una edad temprana en España, es precisamente haciendo uso de esas cualidades que, ni Dios me ha dado, ni Salamanca me ha prestado.

Ayer, Murcia y la Universidad. Hoy, Madrid y demoliciones Teodoro. De aquellos polvos, estos lodos.

 

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