jueves, 30 de abril de 2020

Estudiando la Biblia

En estos tiempos oscuros que corren, donde el relativismo es la moral dominante, es una buena idea acercarse a la Biblia y aprender una o dos cosillas útiles para nuestra vida. En un próximo post detallaré cómo llevar a cabo el estudio devocional de la Palabra de Dios que, a mi juicio, es el más sencillo y provechoso, si bien en este post haré referencia a los materiales básicos para estudiar la Biblia. Necesitaremos, en definitiva, una versión de la Biblia en español, un cuaderno y una concordancia.

La Biblia ideal es una Biblia de estudio, que permita tomar notas en los márgenes. Preferiblemente, conviene utilizar la versión Reina-Valera de 1960, que corresponde a la revisada por Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera allá en el siglo XVI, y que fue la primera traducida al español.

Por otra parte, un cuaderno es un elemento indispensable en todo estudio bíblico que se precie. En él anotaremos todas aquellas meditaciones y reflexiones que vengan a nosotros mediante la intercesión del Espíritu Santo, así como pasajes bíblicos que nos hayan llamado la atención. Dios siempre se comunica con nosotros a través de Su Palabra, y es en el cuaderno donde se recoge todo lo que Él tenga a bien enseñarnos. Así mismo, siempre podemos volver a nuestras notas si queremos rememorar un pasaje y recordar las enseñanzas que Dios quiso transmitirnos.

No menos importante es una concordancia de la Biblia. Se trata de un libro en el que se recogen todas las palabras que en ella constan y su posición exacta dentro del texto sagrado. Suelen disponer de un glosario en hebreo y griego, que facilita nuestra comprensión del texto bíblico, pudiendo buscar la palabra en su idioma original, descubriendo así otros significados que pasarían desapercibidos.

La concordancia permite estudiar la Biblia por temas. Por ejemplo, podemos buscar qué nos dice Dios sobre temas tan variados  como el divorcio, el hombre o el amor de manera directa y sencilla. Mi recomendación es emplear la concordancia de Strong, de la Editorial Caribe. Si no queremos gastar dinero, es posible encontrar concordancias online en Internet.

Finalmente,  quisiera incidir en que sin constancia no es posible llegar a la meta. Todos los días tenemos que dedicarle un poco de nuestro tiempo a Dios. Si podemos invertir varias horas en el gimnasio para fortalecer nuestro cuerpo, ¿por qué no podemos dedicar 20 minutos a Dios y reforzar nuestro espíritu?  Estudiar la Biblia también requiere sacrificio y buenas dosis de paciencia. El lenguaje es a menudo antiguo y complejo, siendo necesario masticar la Palabra, rumiarla y digerirla: piense el lector que éste es el alimento de nuestro espíritu.

Querido lector, créeme: todo esfuerzo tiene su recompensa, y no está en este mundo. ¡Que Dios te bendiga!







martes, 28 de abril de 2020

San Felipe

Este es el comienzo de mi blog. Es algo obvio, pero no encuentro mejores palabras para completar este vacío, esta hoja en blanco que se presenta ante mis ojos. Lo primero, me presento: soy Saverio Belbo, español, de nombre italiano, con cierto nivel cultural (pese a la LOGSE), aficionado a la Historia, del Real Madrid desde chiquitito y fiel seguidor de Jesús de Nazaret. Mis amigos dicen que soy de verbo fácil, buen conversador y templado en el juicio, aunque apasionado en las formas.

¿Por qué dar el salto a un blog? Llevo muchos años con la idea en la cabeza, pero, o bien por falta de tiempo, o directamente por pereza, nunca llevé la idea a término. Ha sido hoy, tras la lectura de un pasaje muy bello del evangelio de Mateo sobre el inicio del ministerio de Jesús cuando he decidido dar el paso y ponerme manos a la obra.

Mi blog, como su propio nombre indica, no deja de ser un mentidero, un lugar donde gentes de toda suerte y condición se congregaban, allá en el Siglo de Oro español, para dar rienda suelta a chismes, rumores y habladurías de todo tipo.

En concreto, este pequeño blog hace referencia a las Gradas de San Felipe, antiguo mentidero de la Villa y Corte, situado en las gradas del demolido convento de San Felipe (hoy Casa Cordero), en la Puerta del Sol, anejo a la casa de Correos.
 
 Así eran las gradas de San Felipe, punto de reunión de la sociedad madrileña de los Austrias.

Como buen mentidero que se tercie, escribiré sobre todo lo que buenamente pase por mi cabeza, comenzando por recetas de cocina, recomendaciones literarias, análisis político, economía, música, ingeniería, fútbol (¿os he dicho ya que soy madridista?) y sin olvidar nunca la Palabra de Dios, tan necesaria en una sociedad sin valores y sin rumbo que le ha dado la espalda.

Eran las Gradas de San Felipe punto de encuentro de lo más granado de las letras españolas del Siglo de Oro. Hombres como Francisco de Quevedo o Lope de Vega eran habituales, en una época en la que el pesimismo y la decadencia nacional eran el pan nuestro de cada día. Querido lector, al igual que ellos entonces, Dios mediante, sé tú también bienvenido.