viernes, 25 de febrero de 2022

Tenemos lo que nos merecemos

Ayer me desayuné con la invasión de Ucrania por parte de la Federación Rusa. Eso de federación suena a la guerra de las galaxias, jedis, sables láser y berridos de Chewbacca. En efecto, Rusia es una federación pero Putin no es Palpatine, por mucho que lo vendan así los medios de comunicación occidentales. 

Tomando el papel de abogado del diablo, lo que está haciendo Vladimiro es defender a su gente, a tantos rusos-ucranianos masacrados en Lugansk y Donetsk por auténticos nazis que harían enorgullecerse al mismísimo Heinrich Himmler. Basten las heroicidades del Batallón Azov en estos últimos años. Baste la mirada de Occidente hacia otro lado durante las matanzas, su silencio cómplice, la "revolución de colores" de Maidán. Ni más ni menos. Todo esto, y más, se puede encontrar en una búsqueda rápida en internet, a la que te animo, querido lector. Clic.

Personalmente, entiendo que Vladimiro considere que Ucrania es un problema. Pero no es culpa de los ucranianos, es por la OTAN y los EEUU, que han incumplido la palabra dada por Reagan cuando prometió a Gorbachev que la Alianza Atlántica no se desplazaría al Este. ¿Qué han hecho los americanos y sus aliados de entonces? Incluir en el club a Estonia, Polonia, Bulgaria, Rumanía... y pasarse la palabra dada por el arco del triunfo. Literalmente. Y Vladimiro, ante la amenaza de que Ucrania pueda entrar, ha decidido dar un golpe sobre la mesa. Sin anestesia. 

¿Acaso crees, querido lector, que a Vladimiro le gustaría tener misiles nucleares a tiro de piedra de Moscú? Si abrimos los libros de Historia y nos remontamos a la presidencia de Kennedy, ¿qué pasó en Bahía Cochinos? ¿No montaron los soviéticos un sistema de misiles con similares intenciones en la isla de Cuba? ¿No te parece que la historia se vuelve a repetir esta vez, pero cambiando el papel de los personajes principales?

Los medios nos meten miedo con una guerra nuclear. ¿De veras piensas, querido lector, que los ruskis van a poner una ojiva nuclear en tu balcón junto a tus geranios? ¿Crees que el Ejército Rojo llegará a tu puerta, como hicieron en 1945 en Berlín? Ni de coña. Si eso ocurre, habría pasado ya y ni yo podría haber escrito esta línea que se pierde, insondable, en el vacío de internet, y ni tú leerla siquiera. Putin no va a cruzar la frontera de ningún país de la OTAN precisamente porque, de hacerlo, desataría el apocalipsis. Destrucción mutua asegurada, o eso decían en los años 80. 

¿Y qué hace Occidente? Sanciones económicas. ¿Piensas que la viejecita ludópata que vive en Siberia se va a ver afectada por no poder jugar a la ruleta en un casino de Montecarlo? ¿No crees que sufrirá más la anciana de Baviera que tiene que utilizar mantas en casa porque no puede pagar el ya estratosférico precio del gas que viene de Rusia? Microchips. ¿De dónde vienen los minerales para fabricarlos? De Rusia. Fertilizantes. ¿De dónde viene el abono de los campos de Castilla? De Rusia. Y así, ad infinitum

Más reacciones heroicas: ¡iluminemos el edificio de la Comisión Europea en Bruselas con los colores de la bandera ucraniana!¡Qué resilientes e inclusivos somos! ¿Qué hacía la UE mientras criminalizaba a los no vacunados, imponía pasaportes de vacunas ilegales, permitía la inmigración descontrolada e imponía la ideología de género? Mientras, la infantil borregada a lo suyo: dándole like a la foto de marras en las redes sociales. Estoy seguro que esa imagen abrirá algún informativo que dice que Putin es peor que Palpatine, informativo que olvidará convenientemente el tema del virus con el que nos han mantenido aterrorizados durante 2 años. Gracias, Vladimiro, acabaste con el COVID-19.

 

La imagen se comenta sola

Otros, en este mismo instante, afirman muy campanudos que "a estas alturas, nuestra civilización no lo puede permitir". ¿En qué momento pasamos a ser jueces de nuestros hermanos? ¿Es que nadie se ha enterado aún que en una guerra sólo hay vencidos? Se nos llena la boca de libertad, democracia y valores, y en realidad nos vendemos al mejor postor, llámese industria farmacéutica, complejo militar industrial o grandes corporaciones. Hoy, la catadura moral de Occidente es inferior a la de aquellos mercaderes a los que Jesús expulsó del Templo de Jerusalén. Hipócritas. Fariseos. Sepulcros vacíos. 

Ya que has llegado hasta aquí, querido lector, un consejo: por salud mental, apaga el televisor. No dejes que nadie piense por ti. Ten espíritu crítico. Sé libre.

Estos son los hechos. Conclusión: tenemos lo que nos merecemos. Parad el mundo, que me bajo. Que Dios nos ampare.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Demoliciones Teodoro

Andaría yo por la veintena, cursando mis estudios de Ingeniería Química en la Universidad de Murcia, interesado en reactores de flujo pistón, columnas de rectificación y (¡cómo no!) en salir de bares para intimar con alguna moza despistada, cuando conocí a uno de los personajes del dúo que copa las portadas de la prensa española en estos fríos días de lupercalia.

Fueron años entrañables que viví entre vapores etílicos de ron Barceló con cola, saludables bocatas de lomo "con todo" de la cantina, y cafés con efecto laxante retardado de la máquina de la Facultad. Por entonces, mis amigos y yo, interesados no solo en la parte química de nuestra titulación sino también en la ingenieril, espoleados por profesores de las asignaturas hueso de la carrera, nos liamos la manta a la cabeza y decidimos participar en la Shell Eco-Marathon, competición europea de vehículos prototipos de mínimo consumo.

Para alcanzar tal fin iba a ser preciso no solo ponerlos las pilas (¡nunca he cogido una radial en mi vida, Hulio!) sino algo mucho más importante: nos hacía falta plata, dinero, pasta, manteca... necesitábamos del vil metal, ese que da su autoridad al gañán y al jornalero, y que hace igual al rico y al pordiosero, que diría don Francisco de Quevedo.

En aquellos años felices, llamamos a muchas puertas, pero todas se cerraban ante nuestras narices. Ingenuos. ¿Qué empresa querría subvencionar a un grupo de estudiantes pobres como ratas sin oficio ni beneficio? Inocentes. ¿Acaso no sabíamos que en España el mérito no existe, sino más bien el enchufe trifásico y el poder de los padrinos? Insensatos. ¿Seríamos capaces de luchar solos contra todos?

¿Por qué, querido lector, te encuentras con semejante tocho sobre mi vida y milagros? Es precisamente en ese momento cuando mi camino se cruza con el de Teo, al que conocí gracias a una compañera de carrera, quien por entonces era su novia y tenía cierta relación con mi grupo de amigos. Murcia es una ciudad de provincias, se come bien y hace buen tiempo, aunque no deja de ser un pueblo grande. Se conoce todo el mundo, quieras o no.

He de decir, en honor a la verdad, que Teo nos ayudó, aportando una modesta cantidad a nuestro proyecto desde el puesto que tenía dentro de la administración regional. El trato que nos dio fue más bien frío, y en su momento pensé que la ayuda que recibimos fue un favor hacia por su novia, por entonces afiliada a las NNGG del PP de Murcia, (ahora mujer). Tras dos reuniones en Murcia en su despacho, nunca más lo volví a ver. 

Munición

Por entonces, no podía explicarme cómo alguien con mi misma edad tenía un cargo público sin haber terminado la carrera. Pensaba que sería una persona tremendamente válida. Ahora, con la experiencia que dan los años, no puedo dejar de admirar mi inocencia. Nos utilizó para salir en la foto, para seguir ascendiendo, hasta alcanzar su meta, de la misma forma que (estoy plenamente convencido) habrá utilizado a otros.

Doña Cayetana Álvarez de Toledo, en su libro de memorias políticas, dice que Teo maneja el PP siguiendo los principios de "pelotas" y "peloteo". Secundo sus palabras. Si alguien es capaz de llegar tan arriba a una edad temprana en España, es precisamente haciendo uso de esas cualidades que, ni Dios me ha dado, ni Salamanca me ha prestado.

Ayer, Murcia y la Universidad. Hoy, Madrid y demoliciones Teodoro. De aquellos polvos, estos lodos.