miércoles, 13 de abril de 2022

El Mandril lo ha vuelto a hacer

Cuando se ve un partido de Copa de Europa, sigo un ritual. Comienza con una buena ducha, hay que estar limpio y aseado porque es muy probable que se sude durante el choque y además juega el Real Madrid. Después, cenita. Algo ligero, simple, espartano, hay que hacer una buena digestión. Termina con la llamada cotidiana a la familia, justo antes del partido, resumen del día y análisis de la alineación y del rival previos al choque. Último detalle: sintonizar con el Bernabéu, cambiar el audio a Real Madrid Televisión (me dan asco los comentaristas de Vomistar), y a disfrutar del espectáculo.

Con este sencillo ritual he visto con mis ojos como el Madrid ha pasado a semifinales 10 veces durante los últimos 12 años. Ayer fue una de esas veces. Noche épica en Madrid. Sudor. Sufrimiento. Fe. Cojones. Del tamaño de Júpiter. Astronómicos.

No haré una crónica del partido al uso. Sólo diré que jugamos mal, muy mal. Antoño y CasiMito lejos de su mejor nivel. Mendy fuera de sitio. Carcamal y Alaba estaban muy blanditos. Ficticius lo intentaba, pero no le salía ni lo más sencillo. Karino, cuarto y mitad. Y entre cagada y cagada, iban cayendo los goles del lado de los hijos de la Pérfida Albión, hasta llegar al 0-3 que nos dejaba fuera. I can feel it coming in the air tonight, oh Lord. Lo percibía en el aire, oh Dios, nos íbamos a quedar fuera de Europa. Gracias, Phil Collins. Desmoralizado, quité el partido. Elsa, siempre nos quedará París, sube a ese avión y olvídate de Europa hasta el año que viene. Casablanca.

Poco después Anchelotto, ese abuelete italiano de inquieta ceja y amante del embutido ibérico, dio un paso adelante. Con la entrada de Cowabunga, McCelo y el Hijo de Pelé, el partido tuvo otro aire. Volví a conectar con el Bernabéu. Si bien los piratas ingleses nos tenían maniatados cual marrano segoviano en Casa Cándido antes de entrar al horno para ser engullido por FatZard, hubo un cambio. Clic. Somos el puto Real Madrid, no ondeamos banderas batamanta con una Orejona, se nos caen las Copas de Europa de los bolsillos, la Historia del Fútbol la escribimos nosotros. Piratas bastardos, esta es mi silla (Alaba dixit), este es mi trono, si queréis pasar, habrá sangre, sudor y lágrimas. Y vaya si hubo. 

Madridismo

Llegaron los goles. Fantasía. Don Luka Modric se sacó un pase con el exterior que remató a placer el Hijo de Pelé. Ya está tardando FloPer en hacerle una estatua al croata en Concha Espina, parece que vive una segunda juventud. A Vinagre no le gusta perder, y transmite esa sensación a sus compañeros. Ídolo eterno del madridismo, uno di noi. Con esa delicia nos fuimos a la prórroga.

En mi fuero interno, sabía que si había prórroga pasábamos a semifinales. Somos el puto Real Madrid. De cojones siderales, hace falta un telescopio como el del Roque de los Muchachos para verlos orbitar en el espacio profundo, más allá de Plutón. Y llegó la prórroga, con un centro de Ficticius que remató de cabeza Karino. Bam. No habían aparecido en todo el choque ninguno de los dos, pero cuando lo hicieron, fueron decisivos. Cracks. No podían ni caminar, pero lo consiguieron. Sudor. Sufrimiento. Fe. Cojones.

Al partido le quedaba casi toda la prórroga. Había que resistir. El Pajarito seguía trotando como si el partido hubiese comenzado. Menudo pulmón Fede, estoy seguro de que sigue corriendo en el Bernabéu mientras escribo esta línea, el muy cabrón. Siempre en mi equipo. A todo esto, los piratas ingleses seguían asediando la meta mandril emulando a Vernon en el sitio de Cartagena de Indias, how delicate, Mr. Tuchel, you choose to die with the boots on. No contaban con la heroica defensa blanca en la que nuestros laterales se batían ¡vive Dios! como Blas de Lezo: tuertos, cojos y mancos. Pero siempre con cojones. 

 

Cojones: Definición gráfica.

El árbitro pita el final. Tras estar más tenso que la goma del pantalón de Falete tras comerse una olla de callos a la madrileña, puedo respirar tranquilo. El puto Real Madrid está en las semifinales de la Copa de Europa. Nos espera rival, o el Shitty de la Pepa o el Paleti de Simione. Y tras el pase, toca ver el circo del Chiringote, con toda la bancada farsante echando bilis, que si el árbitro, que si un gol inglés debió subir al marcador, blablabla. Están ciegos. Tienen delante al mejor Club de Fútbol de la Historia y reniegan de él. Han renunciado voluntariamente a la felicidad. El tiempo pone a cada uno en su sitio: unos jugando la Copa de Europa y otros en Uropa Lij. Pobre gente.

Tras partidos así, sólo me queda afirmar que Dios es del Real Madrid. Alabado sea Dios.

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