Decía en sus memorias mi admirado y respetado D. César Vidal Manzanares que su conversión se llevó a término tras la lectura de las cartas de San Pablo a los Romanos en griego, su idioma original, para evitar malentendidos en la interpretación (¡traduttore, traditore!). Coincido con él, pero en mi caso no ha sido necesario llegar a la fuente directa, como diría mi viejo profesor de Historia, D. José Antonio Conesa Serrano (¡gracias, profesor, por enseñarme a pensar por mí mismo!).
Particularmente, bastó para mí la lectura de los dos primeros capítulos en español para darme cuenta de que Dios me juzgará con severidad, y que muchas cosas que hoy en día se ven como “normales” en realidad no lo son a los ojos de Dios. Pablo, de forma directa, me abrió los ojos la otra noche, después de rezar mis oraciones y leer los capítulos que cité con anterioridad
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| San Pablo escribiendo |
De ese fragmento de Romanos puedo extraer, sin mucho esfuerzo, las siguientes premisas:
- El matrimonio homosexual ofende a Dios, denigra al hombre y a la mujer.
- El divorcio sin motivo es un ultraje a Dios.
- El aborto es el asesinato de una vida inocente, regalada al Hombre por Dios.
- El cambio de sexo es una abominación para Dios, así como otras prácticas aberrantes (pedofilia, zoofilia, necrofilia…).
- Los placeres efímeros (drogas, sexo, pornografía) ofenden a Dios porque dañan al Hombre.
- El Hombre nunca puede estar por encima de Dios ni tampoco creerse Dios. No lo es. Punto.
- La inacción no es una opción, Dios nos exige no sólo guardar su Palabra, sino ponerla en práctica. No hay que ser cristiano “de boquilla”, hay que actuar.
- Relacionado con el punto anterior, aceptar lo bueno por malo y lo malo por bueno como bien profetizaba Isaías es poco menos que apostasía. ¿Hay alguien del Vaticano dándose por aludido?
Podría seguir incluyendo más puntos. Podría desarrollar uno a uno, desgranándolos, desbrozándolos, pero no es mi intención escribir una entrada muy extensa que resulte cansina. Es suficiente para mí que alguna suerte de mecanismo o resorte se haya activado en tu cabeza y en tu corazón, querido lector, y yo haya generado algún tipo de inquietud sobre tu vida espiritual.
Por cierto, amigo lector, ni que decir tiene que mis principios se alinean con los que Dios nos ha dado a través de su Palabra y de su Hijo Jesucristo. Si no te gustan, lo siento, a diferencia de Groucho Marx, no tengo otros.
Ahora, siéntete libre de insultarme, no eres el primero en hacerlo ni tampoco serás el último. Gracias, tus descalificaciones son brillantes medallas que luzco orgulloso en mi pecho, estoy cumpliendo con la séptima premisa de mi pequeña lista. Y tras tu típica argumentación sin argumentos, que incluye los resabidos “fascista, Franco, casposo” de rigor, puedes cerrar la página de tu navegador, si no lo has hecho antes. Gracias de nuevo.
Y si tú, amigo lector, has llegado hasta aquí sin insultarme, te recomiendo que hagas como yo y leas la Biblia con un mínimo de sentido crítico, escuchando lo que Dios tiene que decirte. Ponlo en práctica. Y recuerda: cierto rabino judío dijo que nadie llega al Padre si no es a través de Él. Lo has adivinado: ese rabino es el Maestro, Jesús de Nazaret.
Sodoma y Gomorra llenan cada día tu nevera. Actúa. Acepta a Jesús en tu corazón, no tengas miedo y síguele. Créeme, la promesa de una eternidad a Su lado hace que todo en esta vida merezca la pena. Vale.

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